La traducción al español del Devocional semanal de David

A Healthy Church

Una iglesia sana

Todos se mantenían constantes a la hora de escuchar la enseñanza de los apóstoles, de compartir lo que tenían, de partir el pan y de participar en la oración.  (Hechos 2:42)

Fue uno de los días más maravillosos de la historia de la iglesia, o de toda la historia: el día de Pentecostés, el día del nacimiento de la iglesia. En ese día se agregaron 3,000 almas a los 120 creyentes originales que existían después de que Jesús ascendió al cielo.

En Pentecostés, el viento recio, las lenguas de fuego, la predicación de Pedro y la conversión de 3,000 almas fueron todos eventos notables. Pero las cosas descritas en Hechos 2:42 fueron el legado permanente de la obra de Dios. Leemos que se mantenían constantes en las cosas que son fundamentales en toda iglesia sana.

A Healthy Church

Primero, se mantenían constantes a la hora de escuchar la enseñanza de los apóstoles. Esto significa que confiaron en los apóstoles para que les enseñaran quién era Jesús y qué había hecho. Acababan de confiar en Jesús; ahora querían saber más y por lo tanto se mantenían constantes en la verdad. No se despegarían de la enseñanza de los apóstoles, porque era la verdad de Dios.

Que bendición que Dios nos deja conocer la enseñanza de los apóstoles hoy, por medio del nuevo testamento. Cada maestro/a de la Biblia debe esforzarse en ser poco original en el sentido de que no tenemos nuestra propia doctrina, sino la doctrina de los apóstoles.

Luego, se mantuvieron constantes en compartir lo que tenían. La palabra griega koinonia (traducida aquí como compartir) lleva la idea de asociación, comunión, compañerismo y participación; significa compartir en algo.

La vida cristiana debe estar llena de compañerismo, de compartir unos con otros.

– Compartimos el mismo Señor Jesús.
– Compartimos la misma verdad que guía nuestra vida.
– Compartimos el mismo amor por Dios.
– Compartimos el mismo deseo de alabar a Jesús.
– Compartimos las mismas luchas.
– Compartimos las mismas victorias.
– Compartimos el mismo deber de vivir para Jesús.
– Compartimos el mismo gozo de compartir el evangelio.

También se mantuvieron constantes en partir el pan. A pesar de que vivieron tan cerca del tiempo en que Jesús fue crucificado, no querían olvidar lo que Él había hecho el la cruz. ¿Cuánto más importante es para nosotros no olvidar?

Finalmente, se mantuvieron constantes en la oración. Siempre que se realiza la obra de Dios, el pueblo de Dios se reúne para orar y adorar. El texto original aquí tiene el sentido de “las oraciones”, hablando de servicios organizados para que el pueblo de Dios adore, ore y escuche la palabra de Dios.

Estas cuatro cosas: la enseñanza de los apóstoles, compartir, partir el pan y la oración fueron una base para la salud de la iglesia primitiva. Todo lo que leemos sobre el poder y la gloria de esos primeros cristianos fluye de esta base sólida.

Que seas lo suficientemente bendecido para pertenecer a una congregación con este fundamento, y que hagas lo que puedas para fortalecer ese fundamento, edificando solo sobre él. Hoy, de cualquier manera que Dios te de la oportunidad, encuentra la manera de buscar de estas cosas.

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To All Who Are Afar Off

Para todos los que están lejos

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. (Hechos 2:38-39)

Mientras predicaba a la multitud, Pedro les dijo todo lo que debían hacer: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros. Después de decirles que se arrepintieran y se bautizaran, Pedro les dijo lo que podían esperar: recibiréis el don del Espíritu Santo.

En otras palabras, el mismo derramamiento maravilloso del Espíritu Santo que se había visto entre los 120 discípulos de Jesús también podría ser de ellos. Habían visto la obra gloriosa del Espíritu Santo entre los discípulos, y Pedro les dijo que era algo en lo que ellos también podían participar; no tenían que ser simple observadores. Esto era parte del nuevo pacto, prometido en pasajes como Ezequiel 36:27: Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu. Esto era realmente el don del Espíritu Santo.

To All Who Are Afar Off

Es una promesa extraordinaria, pero ¿fue solo para aquellos que escucharon a Pedro predicar ese día? No cada promesa en la biblia es para nosotros. Debemos tener cuidado de no volvernos arrogantes o presuntuosos, pensando que las promesas son para nosotros cuando no lo son.

La buena noticia es que Pedro, hablando por inspiración del Espíritu Santo, nos dijo específicamente que esta promesa es para nosotros también. Para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos. Cuando Pedro habló de esta promesa, tu estabas lejos. Estabas lejos geográficamente, lejos culturalmente y lejos en el tiempo. Dado que la promesa es para todos los que están lejos, puede incluir a personas hasta el día presente.

Puede ser cierto para ti. Si vienes a Dios a través de Cristo Jesús, en arrepentimiento y fe (fe verdadera que se expresará en acciones como el bautismo), serás parte del nuevo pacto de Dios.

Pedro no les dijo a sus oyentes que sus hijos incrédulos debían ser bautizados. Simplemente dijo que la promesa del perdón de los pecados y el don del Espíritu Santo era para todos los que se arrepintieran y creyeran con fe activa, incluso para las generaciones por venir y para todos los que están lejos.

¿Cuántos están lejos que recibirán esta promesa de salvación y el Espíritu Santo? Todos los que el Señor nuestro Dios llamare. No nos da un número especifico, pero Juan vio una multitud incontable alrededor del trono de Dios (Apocalipsis 7:9). Cualquiera que responda al llamado de Dios puede recibir esta promesa, y ya no estará lejos, sino que ahora estará cerca (Efesios 2:13).

Hoy, dale gracias a Dios que aunque una vez estuviste lejos, ¡te ha traído cerca!

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Baptism in the Name of Jesus

Bautismo en el nombre de Jesús

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. (Hechos 2:38)

Con audacia asombrosa, Pedro predicó a una multitud reunida durante la fiesta de Pentecostés. Primero, les explicó que los eventos inusuales de ese día eran evidencia del derramamiento del Espíritu Santo. Pedro les dijo que el Espíritu había sido derramado porque Jesús el Mesías había venido y completado Su obra, pero también había sido rechazado por la mayoría de su pueblo. Pedro llamó a sus compañeros judíos a rendir cuentas por la forma en que rechazaron a su Mesías, y su respuesta fue notable. Le preguntaron a Pedro: ¿Qué haremos?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados. Su primera palabra a ellos fue arrepentíos, pero sus siguientes palabras también fueron importantes, diciéndoles bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo.

Baptism in the Name of Jesus

Para estos judíos, el que fueran bautizados en el nombre de Jesucristo sería una expresión de su fe y completa confianza en Jesús. El pueblo judío estaba completamente familiarizado con los lavados ceremoniales. El área del templo tenía varios mikveh, estanques de agua que se usaban para la inmersión ritual. Estos lavados ceremoniales eran una parte habitual de la vida religiosa judía.

En este día, Pedro les dijo que hicieran un mikvah diferente, bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados. Ve al agua para una limpieza ceremonial de tu pecado, pero hazlo en el nombre de Jesús el Mesías. Reconoce que Él es quien verdaderamente te limpia de tus pecados, y lo hace porque Él tomó la culpa y el juicio que merecías. Pedro ya había explicado a la multitud sobre la crucifixión de Jesús; ahora necesitaban confiar en ese trabajo para ser limpios.

Pedro no presentó el bautismo como una opción, o como algo de lo que pudieran esperar a realizar en unos años. Necesitaban ceder de depender en las ceremonias del templo para la limpieza del pecado y comenzar a recibirla en el nombre de Jesucristo.

Algunos cristianos piensan que el bautismo es algo que hacemos por Dios, y otros piensan que es algo que Dios hace por nosotros. En verdad, es algo de ambos. Ciertamente, el bautismo es algo que hacemos, Pedro les tuvo que decir: bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo. Al mismo tiempo, el bautismo representa lo que Dios hace en nosotros cuando ponemos nuestra confianza en la persona y obra de Jesús: nuestros pecados son perdonados, limpiados.

La Biblia nos dice que los seguidores de Jesús deben bautizarse en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados.

¿Has obedecido? Si lo has hecho, ¡dale gracias a Dios por enviar a Jesús para lavarte de tus pecados!

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The Preacher's First Word - Repent

La primera palabra del predicador

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. (Hechos 2:38)

Cuando una multitud le pregunta a un evangelista “¿Qué haremos?”, un buen evangelista no perderá la oportunidad de decirles que respondan a Jesucristo. Eso es exactamente lo que sucedió en Hechos 2 cuando Pedro predicó a la multitud durante la fiesta de Pentecostés.

Pedro debió haber estado gratamente asombrado al ver lo que Dios había hecho en esta situación. En lugar que la gente quisiera crucificarlo por causa de Jesús, miles de personas querían confiar en Jesús como su Señor y Mesías.

The Preacher's First Word - Repent

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros. Respondiendo a la pregunta que le habían hecho, ¿qué haremos? (Hechos 2:37) Pedro les dio algo que hacer. Esto significa que debemos hacer algo para recibir la salvación, debemos hacer algo para seguir a Jesús; no es algo que simplemente sucede.

Pedro no le dijo a la multitud: “No hay nada que puedan hacer ustedes. Si Dios te salva, eres salvo. Si Dios no te salva, nunca serás salvo”. Aunque es cierto que solo Dios puede salvar, la gente tenía que recibir a través del arrepentimiento y la fe, la fe que resultaba en acción, como el bautismo.

Lo primero que Pedro les dijo que hicieran fue arrepentíos. Arrepentirse no significa sentir pena, sino cambiar de dirección o de opinión. Ellos habían pensado de cierta manera acerca de Jesús, considerándolo digno de morir en una cruz. Ahora debían cambiar su forma de pensar, aceptando a Jesús como Señor y Mesías.

Arrepentíos suena como una palabra tan dura en la boca de muchos predicadores y en los oídos de muchos oyentes, pero es un aspecto esencial del evangelio. Arrepentíos ha sido llamada “la primera palabra del predicador”.

Cuando Juan el bautista predicó, dijo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado (Mateo 3:2). Cuando Jesús comenzó a predicar, dijo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. Ahora, cuando Pedro comenzó a predicar, comenzó con arrepentíos.

El arrepentimiento nunca se debe pensar como algo que debemos hacer antes de poder regresar a Dios. El arrepentimiento describe lo que es venir a Dios. No puedes volverte hacia Dios sin apartarte de las cosas contra las que Él está.

No nos podemos arrepentir a menos que Dios obre en nosotros (2 Timoteo 2:25), pero Dios no se arrepentirá pornosotros. Dios obra en y a través de la voluntad humana, y una persona debe responder a la invitación de Dios (a menudo a través de un predicador) y decir: “Ahora me arrepentiré”.

El arrepentimiento debe estar presente al empiezo de nuestro caminar con Dios, pero no termina ahí. Debemos seguir arrepintiéndonos, mientras Dios nos enseña más y más como estar bien con Él. Hoy, piensa en cómo el arrepentimiento puede ser un trabajo continuo en tu vida.

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What Must We Do?

¿Qué haremos?

Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? (Hechos 2:37)

Una gran multitud escuchó la enseñanza audaz del apóstol Pedro, y Dios hizo una obra extraordinaria por el poder del Espíritu Santo. Lucas, el autor del libro de Hechos, nos dice que al oír esto todos respondieron con una pregunta: “¿Qué haremos?” El pueblo judío que estaba en Jerusalén para la celebración de Pentecostés estaba tan conmovido que le preguntaron al predicador Pedro cómo debían responder.

What Must We Do?

Es incorrecto pensar que Pedro no dio un tipo de invitación o desafío a sus oyentes. Sabemos que lo hizo porque Hechos 2:40 dice: Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. Lo que leemos en Hechos 2 es un resumen, y Pedro claramente los exhortó a responder. Invitó a sus oyentes a ser salvos.

Aun así, la multitud mostró una respuesta asombrosa, preguntando ¿qué haremos? Se ha dicho que en las temporadas normales de trabajo cristiano el evangelista busca al pecador. Sin embargo, en tiempos de avivamiento o despertar, las cosas cambian: el pecador busca al evangelista. Este día de Pentecostés en Hechos 2 fue una de esas grandes temporadas de la obra de Dios. Cuando Dios está obrando en el corazón de alguien, ellos quieren venir a Él; actuarán para venir a Dios.

Cuando vemos como respondió la multitud, nos ayuda a poner en perspectiva los eventos de ese día de Pentecostés. El don de hablar en lenguas no produjo nada en quienes lo oyeron, excepto asombro y burla. No fue hasta que se predicó el evangelio que vino la convicción del Espíritu Santo. Esto era lo que Dios realmente quería realizar.

La gente respondió de esta manera porque se compungieron de corazón. Esta es una buena manera de describir la convicción del Espíritu Santo. Ahora sabían que ellos eran responsables por la muerte de Jesús (como lo somos cada uno de nosotros) y que tenían que hacer algo en respuesta a esta responsabilidad.

Cuando lo pensamos bien, Pedro tenía alguna experiencia previa con cortar. Cuando Jesús fue arrestado, Pedro le cortó la oreja derecha a uno de los hombres que vinieron a arrestar a Jesús (Juan 18:10). Todo eso fue un lío vergonzoso que Jesús después tuvo que arreglar. Juan 18:10 enseña a Pedro en su naturaleza carnal, haciendo lo mejor que pudo con una espada literal de poder humano.

Cuando el Jesús resucitado cambió la vida de Pedro y cuando el poder del Espíritu Santo descendió sobre él, él pudo cortar de una manera más efectiva: cortó corazones, abriéndolos a Jesús. Esto es lo que Pedro pudo hacer en el poder del Espíritu, haciendo lo mejor para Dios con la espada del Espíritu, la Palabra de Dios. ¿Qué espada fue la más poderosa?

¡Nunca dudes el poder que Dios tiene de cortar corazones y cambiar vidas!

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It Had to Happen

Tuvo que suceder

Al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella. (Hechos 2:24)

Cuando Pedro predicó su sermón sobre Pentecostés, confrontó audazmente a sus oyentes con sus pecados. Pedro no se acobardó en decirles: “Crucificaron a este Hombre que fue enviado por Dios” (esa es la idea tras Hechos 2:23). Pedro pudo hacer esto porque no estaba preocupado en complacer su audiencia, sino en decirles la verdad. Pero Pedro no podía parar ahí, su enfoque no era solo hacerles sentir mal de sus pecados. Les tuvo que enseñar que había una verdad mayor que la culpa del hombre al ejecutar al Hijo de Dios.

It Had to Happen

La verdad más importante era el poder de Dios y la grandeza de Jesús, ambos demostrados por la resurrección. Era imposible que Jesús fuera retenido por el poder de la muerte, como se explica en la siguiente cita de Pedro del Salmo 16. Era imposible que Jesús siguiera siendo víctima del pecado y el odio del hombre. Jesús simplemente tenía que salir adelante, glorioso en triunfo sobre el pecado, la muerte y el odio. Para demostrar esto, observe que Pedro usó la frase dolores de la muerte. La palabra “dolores” es la palabra para “dolores de parto”. La idea es que la tumba era como una matriz para Jesús. Como escribió un comentarista: “No era posible que el escogido de Dios permaneciera en las garras de la muerte; el abismo no puede contener al Redentor más de lo que una mujer embarazada puede contener al niño en su cuerpo”.

Así como un bebé debe salir del útero, la resurrección de Jesús simplemente tenía que suceder. No había forma de que el Santo, el Hijo de Dios sin mancha o pecado, pudiera permanecer atado por las cadenas de la muerte.

Cuando Jesús murió en la cruz, cargó con toda la ira de Dios como si fuera un pecador culpable, culpable de todos nuestros pecados, hasta siendo hecho pecado por nosotros (2 Corintios 5:21). Eso fue un acto de amor santo por nosotros. Por lo tanto, Jesús mismo no se convirtió en pecador, aunque cargó con la culpa total de nuestro pecado. Estas son las buenas nuevas: que Jesús tomó nuestro castigo por el pecado en la cruz y permaneció un Salvador perfecto durante todo, todo comprobado por Su resurrección.

Por esta razón, Él permaneció el Santo, incluso en Su muerte; y era imposible que el Santo de Dios pudiera permanecer atado por la muerte; la resurrección era absolutamente inevitable. No vemos muchas cosas en la vida que simplemente deben suceder. En casi todas las cosas podemos pensar en otra forma en que podrían resultar las cosas. Pero no fue así con la resurrección de Jesús, tenía que suceder. Era imposible ser de otra manera. Y prueba que el amor y el poder de Dios son mayores que lo peor del pecado y la rebelión del hombre.

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Peter proclaiming Jesus

Pedro proclamando a Jesús

Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis. (Hechos 2:22)

Cuando Pedro predicó a esta gran multitud en Jerusalén en Pentecostés, primero explicó que los sonidos y eventos extraños que habían sucedido eran en realidad evidencia de un derramamiento del Espíritu Santo. Lo explicó al citar de la Biblia.

Peter proclaiming Jesus

Esto fue extraordinario. En medio de un gran derramamiento del Espíritu Santo, cuando había señales, maravillas y el hablar en lenguas, ¿qué fue lo que hizo Pedro? Fue como si hubiera dicho: Tengamos un estudio bíblico para aprender del profeta Joel. De hecho, en su sermón de Hechos 2, Pedro citó de tres pasajes diferentes del Antiguo Testamento:  Joel 2:28-32, Salmo 16:8-11 y Salmo 110:1.

Este enfoque en la palabra de Dios no paró lo que el Espíritu Santo estaba haciendo; cumplió lo que el Espíritu Santo quería hacer. Todas las maravillas y el hablar en lenguas estaban preparándolos para esta obra de la palabra de Dios.

Es triste que muchas personas parecen pensar que la obra de la palabra de Dios opone la obra del Espíritu Santo. Piensan que es más espiritual no tener un estudio bíblico.

Sin embargo, cuando Pedro terminó de explicar el pasaje de Joel 2, no había terminado con su sermón. Le dijo a la multitud: Varones israelitas, oíd estas palabras. Muchas personas pensarían que hubiera sido suficiente que Pedro terminara después de citar de Joel, especialmente considerando todo lo que Joel nos dice:

– El derramamiento del Espíritu Santo (Hechos 2:17). 
– Sueños milagrosos, visiones y profecías (Hechos 2:17-18).
– Señales y prodigios sobre el día del Señor (Hechos 2:19-20).
– Una invitación a invocar el nombre del Señor y ser salvo (Hechos 2:21).

Por muy buenas que sean todas esas cosas, no fue suficiente, porque Pedro aún no había hablado acerca de la obra redentora de Jesús. Hasta este punto, todo había sido como una introducción, explicando las cosas extrañas que habían visto. Ahora Pedro traería el mensaje esencial a esta multitud diciendo: Varones israelitas, oíd estas palabras. Pedro ya había dicho algo similar al empiezo de su sermón (esto os sea notorio, y oíd mis palabras, Hechos 2:14). Pedro quería que la gente preste atención, y habló como si tenía algo importante que decir, algo que algunos pastores fallan en hacer hoy en día.

Después de esa segunda introducción, Pedro pronunció unas palabras esenciales. Les proclamó a Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él.

Entender al profeta Joel y la obra del Espíritu Santo era importante, pero comoquiera era esencial proclamar a Jesús. Anhelamos saber más de la palabra de Dios y experimentar más el mover del Espíritu Santo. Pero nunca podemos descuidar la proclamación esencial de Jesucristo, el Salvador del mundo.

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a changed man

Un hombre diferente

Entonces Pedro, con los once, se puso de pie y dijo a voz en cuello: «Compatriotas judíos y todos ustedes que están en Jerusalén, déjenme explicarles lo que sucede; presten atención a lo que les voy a decir. (Hechos 2:14)

Hechos 2 describe una serie de eventos extraordinarios. Mientras los 120 discípulos de Jesús estaban reunidos en un aposento alto, primero escucharon un fuerte ruido. Luego, vieron aparecer unas lenguas como de fuego que posaban sobre cada uno de ellos. Después, empezaron a alabar a Dios y a declarar sus obras maravillosas en diferentes lenguas que nunca antes habían hablado. A esto se le llama el don de lenguas y también se menciona en otros pasajes de la Biblia.

a changed man

En un día de eventos extraños, lo mejor estaba por suceder. Llegamos a ello comenzando en versículo 14: Pedro, con los once, se puso de pie. ¡Qué vista! Pedro de pie con los otros apóstoles, listo para hablar a la multitud asombrada.

Cuando Pedro habló a voz en cuello, fue el comienzo de un sermón asombroso. Junto con los once, Pedro se puso de pie y predicó a la multitud como representante del grupo de apóstoles.

Debemos notar que el hablar en lenguas cesó cuando Pedro empezó a predicar. El Espíritu Santo ahora obraba a través de la predicación de Pedro y no obraría contra sí mismo mediante el hablar en lenguas al mismo tiempo.

Cuando Pedro habló en voz fuerte y alta, también fue evidencia que había sucedido un gran cambio en Pedro. Ahora mostraba un valor y audacia que contrastaban completamente con la forma en que negó siquiera conocer a Jesús cuando arrestaron a su Salvador. Todo eso había sucedido antes de ser lleno del Espíritu Santo. Ahora, Pedro era un hombre diferente.

En el día de Pentecostés, Pedro no enseñó como solían hacerlo los rabinos de su época, quienes reunían discípulos a su alrededor, se sentaban e instruían a ellos y a cualquier otro que pudiera escuchar. En cambio, Pedro proclamó la verdad como un heraldo.

Este sermón extraordinario no fue preparado, fue dado espontáneamente. Pedro no se despertó esa mañana sabiendo que predicaría a miles y que esos miles se rendirían a Jesús. Al mismo tiempo, podríamos decir que este fue un sermón bien preparado; fue preparado por la vida anterior de Pedro con Dios y su relación con Jesús. Fluyó espontáneamente de esa vida y de una mente que pensaba y creía profundamente.

Es bueno recordar que lo que está registrado en Hechos 2 es solo una porción de lo que dijo Pedro. Hechos 2:40 nos dice esto: Y con muchas otras razones les exhortaba insistentemente. Como casi todos los sermones registrados en la Biblia, lo que tenemos es un resumen inspirado por el Espíritu Santo de un mensaje más extenso.

Ese mensaje vino a través de un hombre cambiado por el poder del Espíritu Santo, y no es mucho decir que lo que comenzó con el sermón de Pedro cambió el mundo. Deja que el poder transformador del Espíritu reine libremente en tu vida hoy.

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tongues of fire

Lenguas de fuego

Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo. (Hechos 2:3-4a)

Sucedió algo maravilloso cuando los 120 discípulos de Jesús se reunieron en el aposento alto. Primero, hubo un sonido inusual, algo que sonaba como un viento recio, el cual llenó toda la casa (Hechos 2:2).

Luego, después de que empezó el sonido del viento, vieron otra cosa extraordinaria: les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Una llama apareció sobre la cabeza de cada discípulo. Probablemente, la descripción de “lenguas repartidas, como de fuego” tiene el sentido de que las llamas estaban ardiendo y activas, apareciendo como si estuvieran quemando, pero sin dejar ninguna marca, incluso cuando estaban sobre cada uno de ellos.

tongues of fire

Este maravilloso suceso probablemente debe relacionarse con la profecía de Juan el bautista de que Jesús vendría para bautizar en Espíritu Santo y fuego. (Mateo 3:11)

A través de la Biblia, la idea detrás de la imagen del fuego suele ser de purificación, como el refinador usa el fuego para crear oro puro; o el fuego puede quemar lo que es temporal, dejando solo lo que durará. Esta es una excelente ilustración para el principio de que el llenamiento del Espíritu Santo no es solo para recibir poder, sino purificación.

En ciertos lugares del Antiguo Testamento, Dios mostró Su placer con un sacrificio al encender el fuego Él mismo, es decir, al mandar el fuego del cielo para descender y consumir el sacrificio. La experiencia que tuvieron los discípulos el día de Pentecostés es otro ejemplo de Dios enviando fuego desde el cielo para mostrar Su placer y poder, pero esta vez, descendió sobre sacrificios vivos (Romanos 12:1).

El Espíritu Santo se posó sobre cada uno de ellos. Un comentarista (A.T. Pierson) dijo que había un significado detrás de esa palabra asentándose: que tiene la idea de permanencia en la posición y una condición duradera. Esa idea es importante.

Bajo el antiguo pacto, el Espíritu Santo se posó sobre el pueblo de Dios pero más como una nación, es decir, Israel. Pero bajo el nuevo pacto, el Espíritu Santo se posa sobre el pueblo de Dios como individuos; las lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Este fenómeno extraño nunca había sucedido antes y nunca volvería a ocurrir en las páginas de la Biblia, pero se dio para enfatizar este punto: que el Espíritu de Dios estaba presente con y en y sobre cada individuo.

Lo más importante de todo: fueron todos llenos del Espíritu Santo. El sonido del viento recio y las lenguas repartidas, como de fuego fueron solo un fenómeno temporal inusual, que acompañó al verdadero don, ser lleno del Espíritu Santo.

Hoy en día, no debemos esperar escuchar el sonido del viento o ver una lengua de fuego cuando el Espíritu Santo se mueve entre el pueblo de Dios. Pero podemos y debemos esperar ser llenos del Espíritu al recibir con fe y dejar que nos refine y purifique.

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rushing mighty wind

Un viento recio que soplaba

Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo. (Hechos 2:2-4a)

Después de que Jesús ascendió al cielo, los discípulos se juntaron para orar y buscar a Dios, esperando al Espíritu Santo que se les había prometido. Dios cumplió Su promesa, y estas palabras de Hechos 2 nos cuentan cómo descendió el Espíritu Santo sobre los discípulos en el día de Pentecostés. Este derramamiento del Espíritu Santo llegó con un sonido extraño y con una vista extraña.

rushing mighty wind

Nota el sonido extraño: y de repente vino del cielo un estruendo. La asociación del sonido de un viento reciocual llenó toda la casa con el derramamiento del Espíritu Santo probablemente tenga conexión con el hecho de que tanto en el idioma griego como en el hebreo, la palabra espíritu es la misma palabra que significa aliento o viento. El estruendo que vino del cielo aquí fue el sonido del derramamiento del Espíritu Santo sobre los discípulos.

El sonido de este viento recio haría pensar en la presencia del Espíritu Santo a cualquiera de estos discípulos que conocían las Escrituras hebreas.

– En Génesis 1:1-2, es el Espíritu de Dios como el aliento/viento de Dios que se movía sobre la faz de las aguas.
– En Génesis 2:7, es el Espíritu de Dios como el aliento/viento de Dios que sopló aliento de vida en el hombre recién creado.
– En Ezequiel 37:9-10, es el Espíritu de Dios como el aliento/viento de Dios moviéndose sobre los huesos secos de Israel dándoles vida y fuerza.

Esta sola frase nos dice mucho sobre cómo se mueve el Espíritu Santo:

– De repente: A veces Dios se mueve de repente.
– Estruendo: Era real, aunque no se podía tocar; era algo real que les llegó a los oídos.
– Del cielo: No fue de la tierra; no fue creado, manipulado, o modelado aquí.
– Recio: Vino lleno de fuerza, llegando con gran poder.

Note que esto no sucedió en ningún otro lugar en el libro de los Hechos cuando el Espíritu fue derramado. Varias otras veces el Espíritu Santo llenó poderosamente al pueblo de Dios (Hechos 4:8, 4:31, 13:9, 13:52, 19:6). Esas fueron obras maravillosas y válidas del Espíritu, pero en ninguna de esas otras ocasiones escucharon un estruendo del cielo como de un viento recio que soplaba. El sonido extraño era para ese día en particular, pero no de importancia duradera.

A veces, Dios realiza cosas que solo pasan una vez, algo especial para una sola ocasión. ¿Puedes imaginarte si, en otra ocasión posterior, los discípulos dijeron: “Hoy no fuimos realmente llenos del Espíritu porque no escuchamos ese sonido del cielo”? O, si dijeron: “La próxima vez, debemos escuchar el mismo sonido, ¡y escucharlo aún más fuerte!”

Ese modo de pensar es una trampa. Dale a Dios el mérito de saber cuándo es necesaria una experiencia especial y cuándo no la es.

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