Walking, Leaping, Praising

Andando, saltando y alabando

Entonces lo tomó por la mano derecha y lo levantó. Al instante se le afirmaron los pies y tobillos; y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el Templo, andando, saltando y alabando a Dios. Todo el pueblo lo vio andar y alabar a Dios. Y lo reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta del Templo, la Hermosa; y se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido. (Hechos 3:7-10)

Pedro acababa de decirle palabras audaces al hombre cojo, le dijo “levántate y anda” (Hechos 3:6). ¡Pero una cosa es decir esas palabras y otra cosa es tomar con valentía la mano del hombre y levantarlo! Eso es exactamente lo que hizo Pedro: lo tomó por la mano derecha y lo levantó.

Walking, Leaping, Praising

Esto no fue algo que Pedro hizo por capricho o como un evento promocional; lo hizo bajo el impulso específico del Espíritu Santo. No tenemos razón para creer que Pedro adquirió el hábito de tomar a todos los cojos que veía y levantarlos de la mano.

Más bien, aquí Dios le dio a Pedro la habilidad sobrenatural de confiar en Él para algo completamente fuera de lo común. Creo que en el momento necesario, Pedro recibió el don de la fe descrito en 1 Corintios 12:9: una habilidad sobrenatural para confiar en Dios en una situación particular.

La bendición de Dios estaba presente, porque al instante se le afirmaron los pies y tobillos. La fuerza no vino al hombre cojo hasta que Pedro dijo “levántate y anda”, y no hasta que Pedro lo tomó por la mano derecha y lo levantó.

Una vez de pie, el hombre que antes había estado cojo actuó como si ¡nunca se volvería a sentar! Saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el Templo, andando, saltando y alabando a Dios. Tan pronto como fue sanado, el hombre que había estado cojo hizo tres cosas buenas. Primero, se asoció con los apóstoles (entró con ellos en el Templo). Segundo, inmediatamente comenzó a usar lo que Dios le había restaurado (andando, saltando). Finalmente, empezó a adorar y alabar a Dios (alabando a Dios).

La gente que venía a adorar a Dios en el templo estaba asombrada, porque reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna. Este hombre tenía más de 40 años (Hechos 4:22) y había estado cojo desde que nació. La gente lo reconocía porque siempre estaba sentado a la puerta del Templo (Hechos 3:10).

Piénsalo: Jesús debe haber pasado a este hombre cojo muchas veces sin sanarlo. Podemos decir que Jesús, porque sabía todas las cosas, sabía que este hombre sería sanado más tarde por la valentía de Pedro, pero Jesús dejó que el hombre esperara hasta que Pedro estuviera listo.

No siempre sabemos las razones del tiempo de Dios, pero siempre podemos tener paz de que cuando Dios hace algo, a menudo es tan importante como lo que hace.

Si estas esperando que Dios haga algo, no te desesperes, confía en Dios y en Su tiempo.

Haz clic aquí para leer el comentario de David de Hechos 3

 

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